GUIA DE BRATISLAVA - INFORMACIÓN PRÁCTICA SOBRE TURISMO EN BRATISLAVA

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Bratislava es una ciudad pequeña (apenas supera los 500.000 habitantes), capital de un país pequeño como es Eslovaquia. Sin embargo, al igual que el país en su conjunto, está llena de pequeños tesoros por descubrir. Con el Danubio como principal eje de la ciudad, conserva ese aire señorial de todas las ciudades que han florecido a orillas de este río. El sabor del Imperio Austrohúngaro, las huellas de la Checoslovaquia comunista y el pulso de la capital de uno de los 27 miembros de la UE, incorporada también al euro, confluyen en perfecta armonía en esta ciudad que el turista puede recorrer cómodamente a pie, sin las angustiosas aglomeraciones de otros lugares.
El primer asentamiento humano data del año 5000 a.C; aunque no sería hasta el 200 a.C que no se produciría el primer asentamiento importante en la zona, fue fundado por la tribu celta Boio. Con el paso del tiempo, la ciudad cayó en manos romanas (desde el s. I a.C hasta el 4 d.C). Serían los romanos los que introdujeran el cultivo de la vid, iniciando así la larga tradición vinícola de la ciudad. Los eslavos llegaron en el siglo V (Imperio de Samo, 623-658) y en el siglo X pasó a ser parte de Hungría. En 1526, los turcos otomanos conquistaron Hungría y sitiaron Bratislava sin ningún éxito. Desde aquel momento y hasta la caída de los turcos en 1686, Bratislava vivió un gran auge. En ella se coronaron entre 1536 y 1830 once reyes y reinas húngaros. En ella fijaron su residencia importantes familias aristocráticas húngaras y fue frecuentada por músicos de la talla de Mozart, Listz, Haydin y Beethoven.
El nombre “Bratislava” no fue adoptado hasta 1919 (año en el que se creó Checoslovaquia). Hasta ese año la ciudad se llamó Prešporok en eslovaco, Pozsony en húngaro, Pressburg/Preßburg en alemán, Požun en croata y Presburgo en castellano. Desde la independencia de Eslovaquia en 1993, Bratislava ha sido su capital.
Ochenta y cinco metros por encima del nivel del Danubio, se alza el castillo de Bratislava. Uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. El primitivo castillo data del siglo X, aunque ha sufrido numerosas reestructuraciones y percances. En 1430, Segismundo de Luxemburgo lo convirtió en una fortaleza gótica anti-husitas. De esta época, se conserva la puerta de Segismundo con un hermoso mirador al Danubio y al Nový Most. En 1562 se transformó en castillo renacentista y en 1649 se reconstruyó en estilo barroco. Durante el reinado de María Teresa (uno de los personajes claves de la historia de la ciudad) tuvo su mayor esplendor. En 1811 un incendio destrozó gran parte del castillo que estuvo descuidado hasta 1950, año en el que comenzó la restauración que aún hoy continúa intentando rescatar el estilo de María Teresa. Durante la época de la coronación albergó las joyas de la corona húngara. En la actualidad es una de las sedes del Museo Nacional Eslovaco y en él se reúne la Asamblea Nacional de la República Eslovaca. Las vistas desde el castillo son muy hermosas y los jardines invitan a un paseo tranquilo alejado del bullicio del centro. También hay un restaurante en el que almorzar o tomar un café mientras se disfruta del lugar.
Situada en frente del Castillo y al principio del Nový Most, es la iglesia más grande e importante de Bratislava. Construida en estilo gótico (aunque con bastante más sobriedad que el gótico español o francés) fue el lugar de las ceremonias de coronación. Bajo la Iglesia están enterrados importantes eclesiásticos y representantes de la ciudad. En lo alto de la torre hay una réplica de la corona de San Esteban de 300 kilos de peso. La decoración interior es también bastante sobria (las iglesias eslovacas, probablemente, no sorprenderán al visitante español, acostumbrado a la riqueza decorativa de las españolas), aunque destaca un conjunto escultórico sobre los demás: la escultura de San Martín, realizada por G.R. Donner. Al principio, le costará un poco al espectador entender de qué se trata (la escultura es rica en movimientos y eso despista un poco), pero si se fija bien se dará cuenta de que es San Martín a caballo (ataviado como un jinete húngaro) que corta su capa con su espada para compartirla con un mendigo.
Dos de los edificios más bellos de Bratislava. El Ayuntamiento preside la Hlavné Naméstie (plaza principal) y nace en el siglo XV de la unión de varias casas burguesas. La decoración del tejado es especialmente bella. En su torre (construida con carácter defensivo) se encuentra una inscripción del año 1850 con el nivel de agua durante la inundación de aquel año y una escultura de Nuestra Señora del año 1676. En su interior hay una exposición de justicia feudal y de historia de la ciudad.
Detrás del ayuntamiento, está el Palacio del Primado, cuya decoración exterior llama poderosamente la atención del visitante. Se trata de un palacio clasicista del siglo XVIII decorado con esculturas que representan las virtudes así como un sombrero de cardenal de 150 kilos coronando la estructura. En 1906, el Arzobispado vendió el palacio a la ciudad y en él encontraron 6 piezas de tapicería inglesa del XVII que representan el trágico amor de Hero y Leandra. Se recomienda especialmente disfrutar del remanso de su interior. También puedes pararte a tomar un refresco en su bar ya que los precios son precios normales (nada que ver con los precios “turísticos” que puedes encontrar en otros sitios de la ciudad).
Dos de las construcciones comunistas más emblemáticas de la ciudad y dos símbolos en sí mismos. El Nový Most (literalmente “Puente nuevo”) tiene una torre de 95 metros de altura coronada por un restaurante en forma de OVNI que ofrece la mejor vista de la ciudad. Para subir se puede coger el ascensor o subir sus 430 escalones. La entrada cuesta 6 euros y medio. Arriba hay un restaurante con precios nada comunistas (12 euros la sopa y 20 los platos principales). La pirámide invertida es la sede de la Radio Nacional Eslovaca desde 1985.
Aunque si en algo es especialista Bratislava es en entretener a los turistas colocando estatuas llamativas en las calles. La más famosa es el “Rubberneck”, que es un hombre saliendo de una alcantarilla en la confluencia de las calles Panská y Sedlarská y que ha perdido dos veces la cabeza a causa de conductores imprudentes. Pero no es la única. En la Hlavné Naméstie encontramos a un soldado muy simpático apoyado en el único banco amplio de la plaza, así como a un soldado en su puesto de guardia. En la calle Sedlarska hay una estatua que representa a uno de los personajes más famosos de la vida de la ciudad de principios del siglo XX: Schöne Náci. En la calle Panská número 29 encontramos a un hombre inclinado en la fachada de una casa, una de las teorías es que la escultura pretendía ridiculizar a un vecino cotilla. En la calle Postova podemos ver un buzón antiguo. Y en una esquina de la calle Radnicna hay un antiguo paparazzi intentando captar una instantánea. Muy divertido y original.